El espantoso mundo - Baudelaire




Te digo adiós

Te digo adiós después de tantos años invertidos.
Te digo adiós mientras mis entrañas comienzan a devorar este deseo incontrolables de buscarte y mantenerte dentro de mí.
Te digo adiós y tú ni en cuenta, ni los has sentido, ni me has visto.
Te digo adiós mientras enmudece mi alma (espero no por mucho tiempo).
Te digo adiós y tú duermes plácidamente en compañía de la luna, en la profundidad del cielo.
Te digo adiós y sólo gasto mi último aliento de amor por una mirada que nunca llegará.

©Sara Seg., 2011





Nocturno miedo - Xavier Villaurrutia

Todo en la noche vive una duda secreta:
el silencio y el ruido, el tiempo y el lugar.
Inmóviles dormidos o despiertos sonámbulos
nada podemos contra la secreta ansiedad.

Y no basta cerrar los ojos en la sombra
ni hundirlos en el sueño para ya no mirar,
porque en la dura sombra y en la gruta del sueño
la misma luz nocturna nos vuelve a desvelar.

Entonces, con el paso de un dormido despierto,
sin rumbo y sin objeto nos echamos a nadar.
La noche vierte sobre nosotros su misterio
y algo nos dice que morir es despertar.

¿Y quien entre as sombras de una calle desierta,
en el muro, lívido espejo de la soledad,
no se ha visto pasar o venir a su encuentro
y no ha sentido miedo, angustia, duda mortal?

El miedo de no ser sino un cuerpo vacío
que alguien, yo mismo o cualquier otro, puede ocupar,
y la angustia de verse fuera de sí, viviendo,
y la duda de ser o no ser realidad.


La voz a ti debida - Fragmento - Pedro Salinas


¡Si me llamas, sí,
si me llamaras!
Lo dejaría todo,
todo lo tiraría:
los precios, los catálogos,
el azul del océano en los mapas,
los días y las noches,
los telegramas viejos
y un amor.
Tú, que no eres mi amor,
¡si me llamaras!